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área: trabajo de consultor

Consultoría danesa

consultoría · el cliente está anonimizado

En consultoría, más clientes siempre han sido más horas y, detrás, más consultores. Aquí un Coworker de IA entra en la entrega entera y la empresa gana capacidad sin tener que ampliar plantilla al mismo ritmo.

¿El doble de clientes tiene que costar el doble de gente?

En consultoría esa cuenta ha salido siempre igual. Vendes el tiempo y la experiencia de unas personas: cuando la agenda se llena, contratas a la siguiente y con ella entra más trabajo hasta que esa agenda también se llena.

No tiene por qué ser mal negocio. Pero deja el crecimiento atado a la velocidad a la que puedes contratar.

En este caso trabajamos con una pequeña consultoría danesa para cambiar justo eso.

El caso está anonimizado: no decimos quién es la empresa, ni quiénes son sus clientes, ni cuál es el servicio.

No menos gente. Más capacidad por persona.

Nunca hemos querido montar un negocio sin consultores. El cliente paga justamente por lo que exige experiencia, oficio y criterio.

Pero un día de trabajo no son solo esos momentos. Antes, entre medias y después hay mucho trabajo que también se lleva horas: localizar información, revisar material, ordenar lo que llega suelto, rescatar lo que ya se hizo en un caso parecido, mantener la documentación al día, arrastrar cada dato nuevo hasta donde hace falta, montar la entrega, repasarla y corregirla.

Ese trabajo hay que hacerlo. Lo que no hace falta es una hora de experto cada vez.

Así que construimos alrededor del experto

Hoy el Coworker entra en toda la entrega, no en una tarea suelta al principio ni en un documento al final. Mantiene el contexto de un extremo a otro del encargo, hace partes del trabajo y deja preparada la siguiente con lo que ya ha aprendido por el camino.

Cuando algo pide criterio profesional, entra el consultor. Cuando algo se puede resolver con las reglas, el contexto y el trabajo que ya están ahí, el Coworker se lleva más.

Esa frontera es lo importante. No queremos que la IA se parezca a un consultor. Queremos que el consultor gaste su tiempo en lo que de verdad exige un consultor.

Eso cambia cómo puede crecer la empresa

Pon que entregar un servicio cuesta 100 horas de trabajo humano. Diez clientes son 1.000 horas. Veinte, 2.000. Llegado un punto la salida es sencilla: contratar a más gente.

Pero si parte de esas 100 horas las lleva un Coworker, la cuenta deja de salir igual. No porque desaparezcan las contrataciones siguientes, sino porque la facturación, el número de clientes y el tamaño de la plantilla dejan de moverse al mismo ritmo. Una empresa de cinco buenos profesionales quizá saque adelante el trabajo que antes le pedía siete. Y cuando entre la sexta persona, el techo sube otra vez.

Esa es la diferencia que nos interesa. No plantilla cero. Plantilla menos lineal.

«Las grandes consultorías siempre han tenido una ventaja: muchas manos. Esa ventaja vale menos cuando un buen consultor puede sacar mucho más de las suyas.»

Sewar Sidou, Ellypsis

Por el camino aparece otra cosa

Para que un Coworker sostenga un servicio entero, primero hay que poder moverse por el trabajo. Necesita saber qué ha pasado, de dónde sale cada dato, qué está decidido, qué falta y sobre qué se apoya lo siguiente.

El trabajo acaba ordenándose, casi como efecto secundario. Lo que antes vivía en una bandeja de entrada, en un documento viejo o en la cabeza de quien llevó el expediente pasa a estar en un sitio común, donde lo encuentra cualquiera del equipo.

Y eso seguiría valiendo aunque volvieras a quitar la IA.

El siguiente que entra empieza en otro punto

Donde más se nota es cuando la empresa crece. El consultor que llega sigue teniendo que aprender el oficio: no hay Coworker que le instale a nadie diez años de experiencia.

Lo que ya no tiene que aprender a base de tropezones es todo lo que rodea al oficio, esa costumbre interna de cómo se hacen aquí las cosas. El trabajo ya viene ordenado, los expedientes anteriores le dejan algo aprovechable y se ve de dónde sale la información, cómo encaja cada pieza y qué se espera de él por el camino.

El Coworker no solo le da más capacidad a la gente que ya está. También hace que la empresa dependa menos de que lo importante siga solo en la cabeza de determinadas personas.

Tenía que funcionar con clientes de verdad

No lo dejamos terminado antes de empezar. Lo metimos en trabajo real y lo fuimos ampliando desde ahí. Eso trae correcciones.

Cosas que sobre el papel estaban bien no aguantaban el uso. Algunas se hacían antes de tiempo. Otras perdían información importante por el camino. Alguna funcionaba con una persona y peor con la siguiente. Se arreglaron.

Hoy el Coworker cubre el encargo entero. Y se sigue tocando, porque el trabajo cambia y porque el uso real encuentra cosas que un taller no encuentra jamás.

La prueba real es esta

Que la IA saque un documento más rápido nos interesa poco. Ya lo sabemos: lo saca.

Lo que queremos ver es qué le pasa a una empresa cuando el trabajo experto deja de equivaler a horas humanas de principio a fin. ¿Entregan cinco personas lo que antes pedía siete? ¿Entra antes en materia quien llega nuevo? ¿Aguanta la empresa su manera de trabajar mientras va entrando gente? ¿Y crece sin que la organización crezca al mismo paso?

Para eso está hecho este Coworker. No para una consultoría sin consultores. Para una consultoría donde las personas dejen de ser la única manera de tener más capacidad.

El Coworker trabaja al lado del consultor durante toda la entrega al cliente.